Tolerando el maltrato

Pueden existir diversas razones psicológicas y emocionales por las que una persona se someta a tolerar una relación donde media el maltrato. En esta entrada recogemos algunas de ellas y su abordaje en terapia para aquellas que las padecen. 

Hablamos de personas que al haber recibido maltrato físico y/o psicológico de sus figuras de referencia en la infancia pueden haber incorporado en ellas mismas al agresor. Ese sufrimiento de vivir con un castigador interno es tan insoportable que provoca el desplazamiento de este en el afuera, resultando que la persona busque inconscientemente alguna pareja en la que pueda colocar su propio castigador.

Otra idea distorsionada que dirige a la víctima es la tarea en el presente de curar al maltratador para así rectificar la figura de referencia que la maltrató en el pasado. Curar a la pareja es, en la fantasía oculta de la víctima, rectificar la relación de aquellas figuras de referencia en el pasado.

Otro aspecto crucial en muchas víctimas es la profundidad del sentimiento de abandono y desamor. Para ellas la soledad se vive como desamparo absoluto por lo que prefieren tolerar el maltrato a enfrentar ese sufrimiento de sobrevivir en soledad. En la época infantil, pudo padecer abandono real por sus figuras de referencia y esa carencia no le permitió desarrollar su propio autoapoyo para sostener la soledad en la edad adulta. Así, en el caso de la mujer víctima de maltrato, la figura del hombre emerge para ella como una persona fuerte y protectora, algo que tiene que ver no sólo con la dependencia emocional sino también con la idea de género y la creencia arraigada en la infancia: el hombre que resuelve, decide por ti, te protege.

Otro aspecto que promueve este tipo de relaciones es la alteración cognitiva del afecto que se da en la persona maltratada cuando asume la idea de que el amor nutritivo sólo está disponible allí donde hay una relación de poder-sumisión. Existe por ello una cierta identificación sólo con este tipo de relaciones, un campo restringido de operaciones donde el resto de las posibles relaciones no se hacen figura.  

Además existen ideas distorsionadas y culturales sobre las relaciones de pareja, que contribuyen a legitimar en las víctimas la relación de maltrato y que trataremos en siguientes artículos. Cabe destacar aquí algunos mandatos del llamado amor romántico, donde por ejemplo se entiende que las relaciones afectivas son incompletas si no hay violencia o drama de algún tipo y también donde si el amor es verdadero el maltrato debe ser tolerable.


Gestalt y su abordaje para escapar del maltrato

Entre las múltiples variables que resultan del acompañamiento terapéutico en caso de maltrato, una de las primeras cuestiones a las que atendemos cuando la persona llega a consulta es explorar en que fase del maltrato se encuentra. De la fase dependerá entre otras cuestiones sus posibilidades reales de autoapoyo en el presente.

En una primera fase la persona llega a la consulta refiriendo problemas de pareja sin ser consciente de que es víctima de maltrato psicológico o incluso físico. También puede ocurrir que ella misma esté envuelta en una relación mutua de maltrato donde también lo profiere sin darse cuenta.

En esta primera fase acompañamos a la persona a que tome conciencia de su situación desde un doble vía: por un lado permitir que experimente y contacte con emociones como la rabia, el dolor y el miedo sin bloquearlas, facilitando su libre expresión y nombrando aquí sus mecanismos interruptores como la culpa, la desensibilización o la evitación. Por otro lado nombraremos como maltrato los hechos objetivos que relata para posteriormente confrontarlos con sus propias creencias distorsionadas. Esta primera fase requiere de un entorno seguro en consulta para poder transitar los estados de ansiedad que suelen emerger ante esta potente toma de conciencia.

En una segunda fase la persona llega a terapia siendo ya consciente de esos maltratos y se dirige en busca de una respuesta a su sufrimiento. Es el momento de la exploración de pensamientos y emociones genuinas. En esta fase exploramos la reestructuración de la situación que se abre en función de su autoapoyo y autoestima.

Aunque estas fases no son lineales podemos decir que la siguiente es la más comprometida con el trabajo nuclear. En ella exploraremos las motivaciones interiorizadas que legitimaron en ella el maltrato e iremos dando voz al maltratador interiorizado para poder confrontarlo desde el discurso adulto. También es la etapa donde la víctima puede contactar y utilizar sus recursos del ahora frente al potencial escenario de soledad y los diferentes duelos emocionales que suponen finalizar una relación.

Durante todo el proceso nuestra mirada gestáltica se dirigirá al campo conjunto de la situación con el fin de reestructurar un entorno de apoyo nutritivo real con familiares y amistades. Además pondremos el foco en su situación económica y ayudas sociales para poder hacer frente al proceso de separación.

El horizonte de la terapia será la separación de la persona maltratadora, tanto externa como internamente para lo cual pondremos el foco en la reconstrucción de la identidad desde el contacto con sus propias actividades, objetivos vitales, elaboración de nuevas redes sociales que la apoyen y su propio autoconocimiento y valoración.  


Terapia y Cambio

valentin.aguado.bne@gmail.com