Fases del duelo ¿Dolor o Sufrimiento?

La pérdida de un ser querido siempre implica un profundo tránsito emocional para el superviviente. Hoy en día y a pesar de los medios disponibles no siempre contamos con la información, el apoyo y/o la preparación para transitar ese tiempo vital.  

Desde hace unas décadas y con el asentamiento del capitalismo como estilo de vida, el acercamiento a la muerte se ha visto desplazado a dos lugares que poco tienen que ver con su integración natural en la existencia. Una de ellas es la evitación. Lejos de acoger la muerte como parte natural de nuestra existencia, se impone la cultura del distanciamiento e incluso del olvido de la misma al no encajar como parte de nuestra sociedad hedonista. El otro enfoque actual desde el que se pervierte su sentido es su perspectiva morbosa, la cual se fomenta a diario en los informativos y otros medios de comunicación.  

De esta manera cuando una pérdida tiene lugar en nuestra vida, una de las primeras reacciones a las que nos enfrentamos es a la de incredulidad acompañada de una situación de aislamiento social. Es como si las emociones naturales surgidas a raíz de una muerte interfirieran el ritmo acelerado de vida al que circulan nuestras sociedades modernas. 



El proceso del Duelo 

La pérdida de una persona a la que queríamos requiere permanecer en ese dolor y en un retiro como forma natural de recolocar nuestra existencia.  Es de suma importancia transitar este tiempo, este espacio desde el contacto íntimo con nosotros mismos que nos permita digerir el dolor. 

Su evitación por el contrario , como mensaje ímplicito de nuestra sociedad actual, puede conducirnos a la larga a experimentar distintos padecimientos y quedar enquistados en un sufrimiento patológico. 

La palabra Duelo proviene de Dolor. El duelo consiste en transitar distintas etapas emocionales que pueden aparecer de manera lineal, a la vez o desordenadas en el tiempo. La persona puede enfrentar en un principio el duelo desde el shock, la no aceptación o la desensibilización.  En un proceso natural su propio organismo decidirá cuando ir tomando conciencia de la situación y con ella de sus emociones. Aparecerán entonces emociones como la tristeza profunda por la pérdida. Está será una de las etapas más dolorosas y temidas donde suelen aparecer periodos de depresión. Esta tristeza puede venir acompañada de sentimientos de orfandad y abandono.

Otra fase necesaria del duelo es el enfado. La persona superviviente lo experimentará contra la vida o Dios. En muchas ocasiones ese enfado irá dirigido contra el fallecido por el hecho mismo de haber muerto y haberle abandonado.  

Durante el duelo tenderá a aparecer también la culpa por algo que pensamos que hicimos o no hicimos respecto al fallecido. Para compensar esta culpa aparecerán las distintas formas de autocastigo que la persona vivirá en forma de autorreproche, depresión, etc.

Otra etapa que suele aparecer ante la pérdida es cuando se imagina de manera fantasiosa una negociación con Dios o la vida donde si hacemos algo la persona volverá. 

También en el duelo es habitual que se idealice durante un tiempo a la persona que murió.

Es normal y saludable que estas etapas y sus sentimientos se den un lugar y un tiempo en la persona. Sin embargo, quedarse atascado en una de esas etapas puede derivar en que la persona se quede fijada de manera patológica en ese sufrimiento y pueda nunca concluir el proceso. 


El Duelo concluye en su última fase: la aceptación.  La persona acepta que su vida ha cambiado. Es el estado en que la persona ya se ve capaz de reorganizar su vida sin la persona querida. Vuelve a reír, disfrutar, relacionarse con normalidad con el resto del mundo.


Un proceso natural de duelo varía según la persona y las circunstancias, sin embargo un duelo superior a 4-5 años puede empezar a considerarse patológico. Cerrar un duelo no significa que se supere del todo el dolor o  la tristeza por la pérdida, y menos en el caso de un/a hijo/a,  pero sí que la persona que sobrevive pueda volver a gestionar sus emociones diarias de manera funcional en el presente. 

 

El Duelo en Terapia

En este sentido cuando una persona llega a terapia  puede deberse a que es incapaz de sostener un proceso de duelo sola o porque no ha sido capaz de superarlo después de varios años. 

En terapia prestaremos atención a la etapa en la que se encuentra la persona y si es necesario acompañar en ella o por el contrario comenzar a trabajar para superarla.

En ocasiones podemos encontrarnos  un paciente que viene a consulta por otros síntomas, e ir, a medida que avanza el proceso, dándonos cuenta de que su sintomatología está en realidad ligada a un duelo no resuelto. Es el caso de personas que han hecho una hipocondría, pacientes con fobias, enfermedades somáticas o dificultades en sus relaciones laborales y personales desde que la persona cercana falleció.  

El duelo implica un tránsito en nuestra existencia como un proceso transformador y de aceptación donde la persona que lo atraviesa integra una experiencia vital que ampliará su mirada y presencia para el resto de su vida.